El fenómeno Chiki-chiki

Casi todo el mundo conocerá el fenómeno Chiki-chiki que se ha producido en los últimos meses, en el que un personaje del programa Buenafuente de la cadena de televisión La Sexta, llamado Chikilicuatre, ha conseguido llegar a ser el “artista” representante de España en el Festival de Eurovisión. Creo que merece la pena que nos paremos un minuto a reflexionar sobre este asunto. No porque la calidad de la canción sea buena, ni siquiera mediocre, sino por el trasfondo que se puede obtener.

A nivel global, se habla desde hace unos años, en los que se ha popularizado Internet en el hogar, del supuesto daño que la Red de Redes está produciendo a los artistas y editores de contenidos “culturales” (cuestión esta de las pérdidas más que discutible desde más de un punto de vista). Esta es la forma de pensar que la mayoría de los artistas “comunes” (es decir los de los derechos reservados, no los del copyleft) tienen en España, a pesar de que en este país existe el derecho de copia privada, por el cual es completamente legal hacer copias de una obra original siempre que no se utilice con ánimo lucrativo.

Así las cosas, en España las sociedades de gestión de derechos han librado batalla tras batalla para impedir la circulación de los contenidos de sus asociados, llegando a la obtención de una remuneración por copia privada, el llamado canon digital, permitiendo que algunas de estas sociedades recauden enormes cantidades de dinero, a veces a costa del trabajo de los demás, al cobrar por soportes digitales y equipos de grabación y reproducción que no son usados para copiar creaciones de sus asociados. Todo esto, hace que cada vez más gente se posicione en contra de estas sociedades y de sus cabezas visibles, generando una lamentable y pésima imagen de los autores en la sociedad.

Por otra parte, tenemos la escasa calidad musical que tiene este país en los útlimos años, seguramente apoyada por la búsqueda de la canción del verano que se ha dado en los últimos años, canción que suele ser pegadiza, fácil y de escasa calidad musical; y por la “generación OT” y sus copias y derivados, que son mejores o peores cantantes de canciones creadas a medida, también con poco interés artístico.

Por todo ello, añadido a la gracia de la sociedad española, creo yo que salió elegida la canción del Chiki-chiki, no sólo como una especie de broma, sino como una burla y una crítica al propio sistema de creación y distribución musical español que tan mal se porta con sus consumidores.

Por descontado que, cualquier comentario respecto a este tema es bienvenido.

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